may 25, 2012
Visita a Cuba de la Sociedad Audubon de Panamá, abril 2012
Reporte de Michael Froude, fotografías por Bill Adsett, Dan y Kay Wade
Un grupo de miembros de Audubon de Panamá viajamos a Cuba con motivo de la segunda gira internacional del año, bajo el competente liderazgo del presidente, Darién Montañez, armado con su lista de 25 endémicos cubanos, los cuales se señalan en negrita en el siguiente relato. En la mayor parte de los casos, se registra aquí solamente el primer avistamiento, y especies relativamente comunes en Panamá generalmente no se mencionan. La taxonomía de las aves de la región está en estado fluctuante y algunos nombres han cambiado desde la publicación de las dos guías de campo que usamos, hace más o menos diez años.
Habiendo llegado a La Habana en diversos vuelos el grupo se reunió en la mañana del domingo primero de abril para un viaje a la provincia del extremo occidental cubano, Pinar del Río. Varias paradas en el camino dieron la oportunidad de ejercitar los binoculares. El primer avistamiento para anotar fue la raza cubana del Cernícalo Americano (American Kestrel), con su vientre asombrosamente blanco. Otros avistamientos fueron el Zunzún (Cuban Emerald), Bobito Chico (Cuban Pewee), Bobito Grande (La Sagra’s Flycatcher), Bien-te-veo (Black-whiskered Vireo), Pitirre Abejero (Gray Kingbird), Pitirre Guatíbere (Loggerhead Kingbird), y Zorzal Real (Red-legged Thrush). 

El destino fue el espectacular paisaje cársico del occidente cubano, Viñales, con sus miles de cuevas y algunas tantas Golondrina de Cuevas. El grupo se hospedó dos noches en el encantador Rancho San Vicente. En el extenso suelo boscoso del hotel, y durante una caminata vespertina en sus cercanías, se observaron la Torcaza Cuellimorada (Scaly-naped Pigeon), el Carpintero Verde (Cuban Green Woodpecker) y el Jabado (West Indian Woodpecker), el Tocororo (Cuban Trogon), apuesta ave nacional de Cuba, luciendo el rojo, blanco y azul de la bandera con su distinguida cola festoneada, la Bijirita del pinar (Olive-capped Warbler), Cabrero (Western Spindalis), Negrito (Cuban Bullfinch), Mayito (Tawny-shouldered Blackbird), Totí (Cuban Blackbird) y el Solibio (Cuban Oriole). El Chichinguaco (Greater Antillean Grackle) se veía de forma tan ubicua como el Negro Coligrande en Panamá.
En la mañana, el guía local Ulises nos llevó por las laderas de una cima boscosa para subir hacia las colinas. Las encasquetadas Gallinas de Guinea peinaban el suelo del valle. Vimos la Chillina (Yellow-headed Warbler) y el Juan Chiví (Cuban Vireo) de una vez, mientras un Ruiseñor (Cuban Solitaire) llamaba desde el peñasco y eventualmente fue visto en alto entre los árboles. En las colinas hubo avistamientos más de cerca de esta especie mientras que nuestro primer Cartacuba (Cuban Tody) apareciera; un gracioso y colorido pajarito, el cual, al igual que el Tocororo nos saludaba a lo largo de la gira. Al descenso de las colinas, un Gavilán Colilargo (Gundlach’s Hawk) fue visto en vuelo por algunos del grupo.
En la tarde exploramos el atractivo pueblo de Viñales, centro de la zona del cultivo del tabaco y visitamos una empresa artesanal del cigarro. De regreso al trabajo los matorrales del camino, nos cedieron el Tomeguín del Pinar (Cuban Grassquit). Seguimos hacia el sendero de Las Maravillas de Viñales en un bosque seco de piedra caliza, donde tuvimos el primero de varios encuentros con el Arriero (Great Lizard-Cuckoo). En la noche, un llamado penetrante de búho nos puso a escudriñar los árboles afuera de nuestras habitaciones con linternas. Un empleado del hotel, sin linterna, eventualmente avistó al cantor, un Sijú Platanero (Cuban Pygmy-Owl), cuyo canto de muy amplificado volumen contradecía su diminuto tamaño.
A la mañana siguiente, nos dirigimos hacia el Este, a la histórica área de Playa Girón en la costa sureña, donde se encuentran varias conmemoraciones de la fallida invasión. Nuestra base por los siguientes tres días fue el hotel informal Playa Larga. A la llegada la vista más asombrosa no fue aviar sino incontables miles de enormes cangrejos de tierra, algunos negro y rojo otros anaranjado brillante, haciéndose camino desde el bosque hasta la playa a poner sus huevos. Muchos lamentablemente se convirtieron en víctimas automovilísticas, brindando así ricos bocados a las Auras Tiñosas (Turkey Vulture). Los bordes de bosque alrededor del hotel proveen espacio para bandadas de Cotorras (Cuban Parrot), pero siendo éste su período de anidamiento, no emergieron del bosque ese día. La migración de cangrejos en gran parte fue completada para el día siguiente.
Si levantarse antes de las 5:00 a.m. para ver un gorrión significa ser un agudo observador de aves, entonces, lo somos con comprobado credencial. El inicio antes del alba nos llevó a un camino de tierra a través de la Ciénaga de Zapata en busca de tres rarezas: el Cabrerito de la Ciénaga (Zapata Sparrow), la Ferminia (Zapata Wren), y el Mayito de Ciénaga (Red-shouldered Blackbird). ¡Seña de la habilidad de nuestro guía local, Mario, es que procuró avistamientos cercanos de las tres durante la primera hora del dia! Pero ni siquiera él pudo avistar una Gallinuela de Santo Tomás (Zapata Rail), especie no reportada desde hace varios años y ahora a punto de extinción. Sin embargo, en el bosque que bordea la ciénaga, sí nos encontró un par de los raros: Carpintero Churroso (Fernandina’s Flicker), Carpintero Escapulario (Northern Flicker) y la Torcaza Cabeciblanca (White-crowned Pigeon).
Pasada la tarde, Mario nos llevó a un bosque fragmentado cerca del hotel donde logró otro triple; tres especies de búho: Sijú Platanero (Cuban Pygmy-Owl), Sijú Cotunto (Bare-legged Owl, anteriormente llamada Cuban Screech-Owl), y la magnífica Siguapa (Stygian Owl).

Otro comienzo antes del alba nos llevó hacia el Sur a un sendero de bosque en Bermejas, con la esperanza de otro triple más; tres palomas perdices escasas. En esta ocasión, Mario fue asistido por Orlando, el guardabosque local, quien les lanza arroz todas las mañanas para animarlas. Al despuntar el alba, la primera en asir la carnada fue el Guanaro (Zenaida Dove), más común que los otros tres objetivos. A medida que la luz se robustecía, un Barbiquejo (Key West Quail-Dove) emergió, forrajeando a escasos metros de nuestro escondite. Luego dos Camaos (Gray-fronted Quail-Dove) aparecieron más adelante. Un equipo de televisión llegó a la escena y filmó a las palomas. Luego de una larga espera decidimos que nuestra estrella, la Paloma Perdiz (Blue-headed Quail-Dove), no iba a aceptar el doble aliciente del arroz más la televisión y su estrellato y nos mudamos a una finca cercana donde el Zunzuncito (Bee Hummingbird) complacientemente se perchaba en un cable haciendo varias salidas para retornar a la misma percha. Un lindo macho del ave más pequeña del mundo, a sólo 5.5 cm, brindaba espectaculares exhibiciones de su centelleante garganta de plumaje rojo en una brillante luz solar.


Luego nos enteramos que el equipo televisivo había visto y filmado a la Paloma Perdiz, así que nos decidimos por intentarlo de nuevo. Eventualmente rindió fruto, y algo apartado del sendero del arroz, obtuvimos buen avistamiento de un individuo perchado. Mario luego nos llevó a un nido de Gavilán Colilargo a orilla de un bosque. Parecía estar vacío, pero luego un pichón apareció cerca, aún con pelusa y apenas capaz de volar para distanciarse de nosotros. Un segundo polluelo fue avistado en la cercanía. Un poquito más maduro que su hermano, voló con confianza hacia un lado lejano del claro. De repente un padre se abalanzó desde el dosel y voló con brío hacia el claro.
Al anochecer de esa tarde, dentro del área, Mario nos llevó en búsqueda del Guabairo (Greater Antillean Nightjar). Tan bien camuflado estaba que él se le acercó hasta un metro antes de que éste saltara, dejando atrás un polluelo que parecía bolita de lanilla y pelusita sobre el suelo, mientras nos aguaitaba ansiosamente desde un tronco caído. Vimos también una Cotorra en su nido.
En la mañana partimos para el largo viaje a Camagüey, tercera ciudad de Cuba, cerca de 600 km al Este de La Habana, donde nuestra base por tres noches sería el Hotel Camagüey. Lo que el pardusco suburbio estilo soviético carecía fue compensado con creces por la vieja ciudad. Camagüey es el noveno sitio de Cuba nombrado por la Unesco como Patrimonio Histórico, por el legado de su arquitectura colonial fascinante, en un laberinto de calles zigzagueantes más típicas de un pueblo de la Europa medieval que uno de una ciudad del Nuevo Mundo. En la tarde del Viernes Santo nos encontramos con una procesión religiosa mientras íbamos a la Casa de la Trova, donde en el patio interno, a la sombra de la torre de la catedral del siglo XVI, disfrutamos de excelente y variada música cada una de nuestras tres noches en la ciudad.
El primer viaje diurno desde Camagüey fue al bosque seco de la Sierra del Chorrillo. Una parada en el camino en un punto de Palmas Reales nos dio avistamiento del Cao Montero (Cuban Palm Crow) y del Cao Pinalero (Cuban Crow). Aún vistos juntos no resultaron fáciles de distinguir visualmente pero el último, con su locuaz cotorreo no dejó dudas. Nuestro destino era Rancho La Belén, el cual brinda más bien actividades ecuestres. Mientras esperamos que nuestro guía regresara de llevar a un grupo de cabalgadores, observamos actividad en un estanque al pie del rancho. Entre las varias especies acuáticas familiares vimos la Gallereta de Pico Rojo (Common Gallinule) y en los alrededores la Torcaza Boba (Plain Pigeon). A su regreso, Camilo nos llevó hacia una gran Ceiba donde vimos el Pitirre Real (Giant Kingbird). No se veían tan grandes en el árbol enorme, hasta que algunos Pitirres Guatíbire los pusieron en conveniente simultánea apariencia, facilitando la comparación. Luego del almuerzo un sendero boscoso nos cedió varios Cateys (Cuban Parakeet).
El Domingo de Pascua fue libre. Algunos de nosotros exploramos el embalse de la Presa Montecarlo con buena vegetación y visible desde el hotel. En adición a muchas aves acuáticas conocidas, vimos pequeñas bandadas de Nutmeg Mannikins, una introducción al territorio que se expande y no es reconocida oficialmente en Cuba todavía. También vimos hembras de otro Mannikin del cual no pudimos estar seguros. En la tarde, casi todos disfrutamos de una gira en bici-taxi por la vieja ciudad. Durante un copioso aguacero nos refugiamos en la galería de Martha Jiménez y admiramos su prodigiosa variedad de obras. En el entretanto, un miembro del grupo regresó a la Presa Montecarlo donde la presencia de un macho le permitió identificar el misterio de los Mannikins de la mañana como Monja Tricolor (Chestnut Mannikin). La Golondrina Azul Cubana (Cuban Martin) y el Vencejito de Palma (Antillean Palm Swift) fueron vistos en varios sitios de la ciudad.
De Camagüey nos enrumbamos hacia los cayos fuera de la costa norte de tierra firme, específicamente, Cayo Coco, hogar de la más reciente generación cubana de hoteles de playa tipo Decameron, con paquetes turísticos pre-pagos, cuyo blanco es el mercado franco canadiense, donde nos hospedamos tres noches. En la tarde hicimos un viaje hacia el Oeste. En el camino observamos al Pato Serrucho (Red-breasted Merganser) y una bandada de Flamencos (American Flamingo) que comían en el lado extremo de la laguna, desplegando el abanico de la 
variedad de colores desde los blancos juveniles hasta el excepcionalmente intenso rosa de algunos adultos. Se vieron Gavilán Batista (Cuban Black-Hawk) entre los manglares. En Cayo Guillermo vimos al Sinsonte Prieto (Bahama Mockingbird) y en un embalse de drenaje para los hoteles, vimos al Pechero (Oriente Warbler) entre los árboles circundantes.
En la mañana nos enrumbamos hacia el Este a la punta de Cayo Paredón Grande, la cual se jacta de tener un faro del siglo XIX. Una Corúa de Mar (Double-crested Cormorant) se perchaba en una roca en el agua. En los matorrales bajitos vimos el Vireo de las Bahamas (Thick-billed Vireo) y el Sinsontillo (Cuban Gnatcatcher). Éste último completaba la lista de los endémicos de Darién, buena excusa para celebrar con champaña en la fiesta en la playa del hotel esa noche.
En las tardes combinábamos el descanso en la playa con caminatas independientes por un atractivo sendero de bosque hacia el otro lado del hotel, lo que dio numerosos avistamientos de muchas especies con las que para ese entonces ya nos habíamos familiarizado. Nuestras habitaciones daban hacia lagunas que brindaban buena vista de muchas especies acuáticas, mayormente conocidas desde Panamá pero incluidas la Garza Roja (Reddish Egret) y la Gallinuela de Manglar (Clapper Rail) que son raras aun en nuestro propio territorio.
Aunque pueden verse en Panamá, algunas más fácilmente que otras, vale la pena listar las reinitas migratorias que vimos en varios sitios en Cuba: Señorita de Monte (Ovenbird), Reinitas Acuáticas Piquigrande y Norteña (Louisiana and Northern Waterthrushes ), Reinita Trepadora (Black-and-white Warbler), Antifacito Común (Common Yellowthroat), Candelita Norteña (American Redstart), Reinita Tigrina (Cape May Warbler), Parula Norteña (Northern Parula), Bijirita Magnolia (Magnolia Warbler), Reinita Negriazul (Black-throated Blue Warbler), Reinita del Palmar (Palm Warbler), Bijirita de Garganta Amarilla (Yellow-throated Warbler), Reinita Galana (Prairie Warbler) y Reinita Negriverde (Black-throated Green Warbler).
Regresamos a La Habana, donde nos maravillamos ante las atracciones arquitectónicas y culturales de la ciudad, incluso una noche musical en el monumental Hotel Nacional de Cuba, el cual pregona con orgullo su ilustre historia pre y post revolucionaria.
El conteo final fue de 133 especies observadas, incluyendo unas 60 que están ausentes o son muy raras en Panamá, del total de las cerca de 350 de Cuba. Tuvimos buenos, claros avistamientos de todos los 25 endémicas de objetivo de Darién, gracias a su excelente planificación y liderazgo. ¡No estuvimos para nada descontentos al haber perdido a la rareza cubana, el Gallote Negro! También debe rendírsele tributo a la eficiente industria cubana de turismo, la cual nos llevó a nueve de las 14 provincias del país, sin incidentes y nos enseñó muchas de las magníficas atracciones no aviares.


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